lunes, 28 de julio de 2014

El fémur del elefante de Buelna (Llanes, Asturias)


 El siguiente texto fue escrito a petición del periódico asturiano La Nueva España, en relación con una serie de artículos que vienen publicándose los últimos meses sobre piezas notables del Museo Arqueológico de Asturias. Se publicó el pasado sábado 26 de julio de 2014.

Son muchas las pruebas que tenemos de que Asturias estuvo poblada por una fauna de grandes mamíferos, tanto herbívoros como carnívoros, hasta tiempos geológicamente recientes. Nuestros antepasados paleolíticos convivieron con estos animales a los que cazaron y representaron artísticamente. Quizá la sabana africana sería el mejor análogo actual para hacernos una idea de cómo sería la comunidad animal que campaba por nuestros prados y bosques hace apenas unos miles de años.
Aunque el registro de fauna cuaternaria de Asturias es muy rico, los hallazgos de restos de mamíferos de gran talla no son abundantes: apenas 15 yacimientos han proporcionado restos de elefantes y rinocerontes en nuestra región. El área costera-oriental de Asturias alberga la mayor concentración de hallazgos de este tipo, en relación con la existencia de grandes masas de rocas calizas que componen una parte importante de dicho territorio: el clima húmedo y templado propicia la disolución de las calizas dando lugar a la formación de multitud de cuevas y simas, que constituyen el medio ideal para que los vestigios de tiempos prehistóricos se conserven y lleguen hasta nuestros días.
La pieza que hoy nos ocupa es un fémur derecho de un elefante que fue recuperado, junto con una buena parte de su esqueleto, en una cueva costera situada en las proximidades de la cala de la Silluca, en la localidad Llanisca de Buelna. Los restos fueron extraídos entre los años 1997 y 1998, aunque su presencia se conocía con anterioridad, pues fueron ya documentados por G. Mary en 1979. No están claras las circunstancias por las que este elefante llegó hasta la cueva, aunque no parece haber ninguna relación con actividad humana.
Foto: Diego J. Álvarez Lao
Estudios paleontológicos de esta pieza, así como de uno de los molares asociados a ella, han permitido clasificar al elefante en cuestión dentro de la especie Palaeoloxodon antiquus, tal como consta en los trabajos publicados por A. Mazo, A. Pinto Llona y E. Aguirre.
Lo primero que llama la atención del fémur de Buelna son sus grandes dimensiones: mide 1,22 metros de longitud, pese a faltarle una porción de su parte anterior (la denominada “cabeza” del fémur). Su longitud total alcanzaría seguramente algo más de 1,3 m. Para hacernos una idea, sólo los elefantes africanos machos de mayor talla poseen un fémur de estas dimensiones, por lo que la talla del elefante de Buelna bien podría superar los 3,5 metros altura a la cruz y su peso rondaría quizá las 6 o 7 toneladas. El grado de desgaste dental nos indica, además, que se trataba de un individuo de edad avanzada, rebasando seguramente los 50 años en el momento de su muerte.
El elefante de “defensas rectas”, tal como se conoce en español a la especie Palaeoloxodon antiquus, a la que pertenece el ejemplar de Buelna, era uno de los mayores mamíferos que poblaron Europa durante el Cuaternario, llegando a alcanzar los 4 metros de altura a la cruz. Como su nombre indica, sus defensas (mal llamadas “colmillos”), eran prácticamente rectas, además de muy largas. A diferencia del mamut lanudo, este elefante no nos ha proporcionado ningún resto congelado ni momificado, por lo que no conocemos su aspecto externo, acerca del cual tan solo podemos hacer suposiciones. Dado que es una especie que vivió en épocas templadas y cálidas, se supone que su cuerpo debió estar desprovisto de pelo y que sus orejas debieron ser grandes, a semejanza de las de los elefantes africanos y asiáticos actuales, ya que las orejas grandes les sirven para disipar el calor corporal (en el mamut lanudo, por el contrario, las orejas eran muy pequeñas para evitar la pérdida de calor corporal).
Este elefante vivió en épocas en las que el paisaje estaba cubierto de bosque (caducifolio o mediterráneo), y llegó a distribuirse por gran parte de Europa. Convivió con otras especies exóticas como hipopótamos y rinocerontes, tal como se ha constatado en numerosos yacimientos tanto de la cuenca mediterránea como de Inglaterra y Holanda.
Respecto a su distribución temporal, Palaeoloxodon antiquus es una especie típica del Pleistoceno Medio siendo relativamente común durante los episodios interglaciares desde hace unos 800.000 años hasta hace unos 100.000 años. Después de esta época prácticamente desaparece, sobreviviendo tan sólo en el sur de la península Ibérica y posiblemente en Italia. Los ejemplares más modernos que se han encontrado corresponden a algunos yacimientos españoles y portugueses y se sitúan en torno a los 40.000 - 35.000 años antes del presente. El espécimen de Buelna se intentó datar por carbono 14, pero los resultados obtenidos fueron incoherentes, quizá debido a una contaminación de la muestra. Guy Mary atribuye la edad de los niveles sedimentarios que contenían los restos de este elefante al último episodio interglaciar (entre hace unos 130.000 y 114.000 años), lo cual es coherente con las condiciones ambientales en las que vivía esta especie.
El elefante de defensas rectas ha sido detectado en casi una veintena de yacimientos españoles. Sin salir de Asturias, un ejemplar encontrado en San Cucao de Llanera, en la década de 1950, ha proporcionado numerosos restos, entre los que se encuentran un fragmento craneal y un molar aislado, que se exponen en el Museo del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo. No obstante, los yacimientos más insignes de esta especie son los sorianos de Torralba y Ambrona, en los que se han hallado los esqueletos parcialmente conservados de numerosos ejemplares, constituyendo una de las mayores acumulaciones de restos de este elefante a nivel mundial. Muchos de estos esqueletos están expuestos in situ, en un espectacular museo al aire libre.
Como sabemos, en Europa, ya no existen grandes mamíferos desde hace miles de años. ¿Cuáles fueron las causas de la desaparición de los elefantes, mamuts rinocerontes e hipopótamos en nuestras tierras? Este sigue siendo uno de los temas más debatidos en los círculos científicos internacionales. Aunque aún no se ha llegado a una respuesta concluyente, parece claro que los importantes cambios en el clima y la vegetación ocurridos a lo largo del Cuaternario han sido determinantes en la supervivencia de estas especies. Por último, la presión de los grupos humanos sobre las poblaciones de estos animales, quizá ya debilitadas por los cambios ambientales, parece haber tenido también una importante influencia en su desaparición al final del Pleistoceno.

Diego Álvarez Lao
Profesor de Paleontología, Departamento de Geología, Universidad de Oviedo. 

lunes, 26 de mayo de 2014

VI International Conference on Mammoths and their Relatives




Los pasados días 5 al 9 de mayo de 2014 se celebró en las localidades de Grevena y Siatista, en Macedonia Occidental (Grecia), el congreso “VIth International Conference on Mammoths and their Relatives” En él nos dimos cita 190 participantes, la mayoría especialistas en proboscídeos o en grandes mamíferos cuaternarios, procedentes de casi todos los rincones del planeta, incluyendo Australia, India, China, Sudáfrica, Canadá o Brasil, aunque el grueso de los participantes éramos europeos, estadounidenses y rusos. Estos congresos, que se celebran cada 3 o 4 años, son ocasiones muy especiales para poder reunirte con los grandes especialistas en el tema, presentar resultados de nuestras investigaciones, proponer colaboraciones y otro tipo de “negocios”. Grandes nombres como Dick Mol, Adrian Lister, Dan Fisher, Ralf-D. Kahlke, Gary Haynes, Alexei Tikhonov o Raman Sukumar, entre muchos otros, estaban allí presentes. Desde un punto de vista más “humano” constituyen una oportunidad para reencontrarte con amigos a los que, debido a la distancia, sólo puedes ver cada varios años (aunque mantengas contacto regular con ellos por correo electrónico).

Se presentaron un total de 152 comunicaciones (80 comunicaciones orales y 72 posters) que abordaron temas de lo más diverso, en los que los proboscídeos tenían mayor o menor presencia. Los mamuts tuvieron un importante protagonismo, cuatro de las sesiones de comunicaciones orales y muchos de los posters versaron sobre estos animales. También otros proboscídeos más antiguos, de edad Mio-Pliocena (dinoterios, gonfoterios, mastodontes, etc.) tuvieron importante protagonismo. Los elefantes actuales también tuvieron su presencia, especialmente en lo referente a los problemas de conservación. También hubo una sesión especialmente dedicada a los fenómenos de insularidad y al consiguiente desarrollo de elefantes “pigmeos” en islas del Mediterráneo y de California.

Mi contribución, que fue la única de España, se centró en los yacimientos de
Jou Puerta y la Rexidora, ya presentados en entradas anteriores de este blog, que incluyen restos no sólo de mamut lanudo sino de otra fauna asociada muy interesante. El buen grado de conservación de los materiales llamó la atención de muchos de los asistentes y, posteriormente, tuve ofertas de equipos británicos, rusos y suecos para colaborar en estudios de ADN fósil.

Otras contribuciones que siempre causan gran expectación son las que ofrece la delegación rusa, concretamente los hallazgos de animales momificados, procedentes del permafrost siberiano. Este año se presentaron los resultados del estudio del mamut Yuka, un ejemplar juvenil extraordinariamente bien conservado, el mamut de Malyi Lyakhovski Island, con la trompa mejor preservada que se conoce, y de tres momias de bisontes, dos de ellas excepcionalmente bien conservadas. Estos hallazgos proporcionan datos interesantísimos, no sólo sobre su anatomía, sino también sobre su modo de vida, alimentación y demás. Una información muy relevante que nos permite conocer muy detalladamente a estos mamíferos extintos.




1. Defensas de mastodonte de Milia, Grecia (Foto: Diego Álvarez Lao); 2. El mamut Yuka (Foto: B. Buigues, source); 3. Momia de bisonte de Chukotka (Foto: P. Nikolskiy, source); 4. Trompa del mamut de Malyi Lyakhovski Island (Foto: S. Grigoriev, source).



Hubo también dos sesiones de campo. En la primera de ellas visitamos el centro en el que se exponen los espectaculares restos de mastodontes hallados en el yacimiento de Milia, Grecia, donde se recuperaron dos esqueletos parciales, uno de los cuales posee las defensas de proboscídeo más largas conocidas en el registro fósil, alcanzando nada menos que 5,02 metros! La otra salida de campo tuvo lugar en la inmensa mina de lignito a cielo abierto de Ptolemaida. La descomunal excavación que supone esta mina ocasionalmente deja al descubierto restos de grandes mamíferos Pleistocenos, entre los que se encuentra un esqueleto parcial de elefante, que se exponen en un museo creado en las dependencias de la propia mina.
Con respecto a uno de los temas más “mediáticos” sobre los mamuts lanudos, que es el que concierne a su clonación, Adrian Lister lo dejó claro: mejor orientar nuestros esfuerzos y nuestros medios en conservar a los elefantes actuales (cuya situación es alarmante) que gastar dinero y tiempo en intentar revivir una especie extinta, algo que, aunque quizá sea posible en un futuro no muy lejano, actualmente es inalcanzable. 


El próximo congreso tendrá lugar en 2017. Hay tres localizaciones posibles: México, Moscú o India. Esperemos que el éxito de convocatoria sea tan elevado como en esta ocasión.

Enlace a la página oficial del congreso: http://mammothconference.weebly.com/  

viernes, 14 de marzo de 2014

Hallazgo de un cráneo de bisonte de estepa en la cueva de La Rexidora (Cuerres, Ribadesella, Asturias)


Las excavaciones del magnífico yacimiento paleontológico  de la Cueva de la Rexidora no dejan de depararnos sorpresas. Durante las labores llevadas a cabo en noviembre de 2013, se recuperó un cráneo de bisonte de estepa en buenas condiciones de conservación. Este cráneo constituye el más completo de esta especie recuperado hasta ahora en Asturias y uno de los mejores de la península Ibérica.
Cráneo de bisonte de estepa (Bison priscus) Foto: Diego J. Álvarez Lao
El cráneo de La Rexidora conserva la mayor parte del neurocráneo, (incluyendo el frontal, el occipital, la base del cráneo, la cavidad cerebral y las bases de los núcleos óseos de los cuernos), una buena parte del lateral derecho del esplacnocráneo (incluyendo la órbita ocular y el maxilar derecho), el hueso nasal y una gran porción del núcleo del cuerno derecho. El ejemplar se encuentra, por tanto, en un grado de conservación bastante bueno, lo cual le confiere una alta singularidad teniendo en cuenta que los cráneos, en general, y los de grandes herbívoros, en particular, son unos elementos anatómicos bastante frágiles y sólo excepcionalmente se encuentran bien conservados. A nivel de la península Ibérica, únicamente el cráneo procedente de la sima de Kiputz IX (Guipúzcoa), publicado hace tres años, ha presentado un grado de conservación superior.
Cráneo de bisonte de estepa (Bison priscus): vista superior
Foto: Diego J. Álvarez Lao

Las labores de excavación y extracción requirieron de cuidados extremos, pues la pieza se  encontraba en condiciones de extrema fragilidad, muy humedecida y decalcificada al estar en permanente contacto con barro muy húmedo a lo largo de milenios. Fue necesario realizar una cubierta protectora de espuma de poliuretano para intentar extraerlo en las mejores condiciones posibles. No obstante, y a pesar de la perfecta protección externa que se realizó, la pieza se extrajo en numerosos fragmentos de tamaño medio y pequeño (más de 200), lo que requirió un trabajo de restauración largo y laborioso que se extendió a lo largo de un mes y medio. En primer lugar se lavaron las piezas una por una y con extremo cuidado (al estar decalcificadas se deshacían con mucha facilidad), para retirar todo resto de sedimento arcilloso. Posteriormente se procedió a su consolidación y, seguidamente, se comenzó la labor de reconstrucción, dificultada por el pequeño tamaño de muchas de las piezas y por la compleja anatomía del cráneo del bisonte.
Cráneo de bisonte de estepa (Bison priscus): vista lateral
Foto: Diego J. Álvarez Lao
La campaña de excavación de 2013 en este yacimiento se enmarca dentro del proyecto de investigación “Estudios paleoambientales de los episodios fríos del Pleistoceno Superior en la región cantábrica a partir del yacimiento de la cueva de La Rexidora (Cuerres, Ribadesella)”, financiado por la Universidad de Oviedo y dirigido por quien escribe estas líneas. Este proyecto, cuyo título abreviado en inglés es “Ice Age in North-West Iberia”, nace con la intención de caracterizar con la mayor precisión posible las condiciones ambientales que reinaron en el área cantábrica durante la última glaciación, a partir de la abundante información ya 
Logotipo del proyecto.
Ilustración: Diego J. Álvarez Lao
publicada y de la investigación en curso del yacimiento de La Rexidora, que sigue proporcionándonos datos sorprendentes. Como logotipo del proyecto hemos elegido al rinoceronte lanudo, una de las especies más emblemáticas de la Edad del Hielo de la que, en los últimos años, hemos tenido la suerte de recuperar abundantes restos excepcionalmente bien conservados en varios yacimientos del ámbito cantábrico (Jou Puerta y La Rexidora, entre otros).

Las excavaciones en la cueva de La Rexidora, además del citado cráneo, han proporcionado hasta la fecha un conjunto de más de 150 huesos de esta especie extinta de bisonte, la mayor parte de ellos en un excelente estado de conservación, pertenecientes a varios individuos. Otras especies halladas en el yacimiento (ver entrada anterior) son la hiena, el ciervo y el rinoceronte lanudo. La presencia de esta última nos indica que la acumulación de huesos corresponde a un momento de intenso frío de la última glaciación
Bisonte de estepa / Steppe Bison / Bison priscus
Dibujo: Diego J. Álvarez Lao


El bisonte de estepa (Bison priscus) es una especie extinta que desapareció de Europa, Asia y Norteamérica hace unos 10.000 años. Su aspecto se asemejaría al del bisonte europeo actual (Bison bonasus), aunque su talla era apreciablemente mayor (hasta 2,7 metros de longitud y casi 2 metros de altura al hombro). Sus cuernos poseían una talla muy superior a cualquiera de los bisontes actuales, llegando a alcanzar 1,2 metros de envergadura entre punta y punta. A pesar de ser una especie más afín al bisonte europeo (un animal de bosque), sus hábitos serían más semejantes a los del bisonte americano, pues era un habitante de las estepas que se alimentaba básicamente de vegetación herbácea. Esta especie ha sido, además, una de las más representadas artísticamente por el hombre del Paleolítico, tanto en arte rupestre como mueble. Se han hallado numerosas representaciones paleolíticas de bisontes a lo largo de toda Europa, destacando las de Altamira (Santillana del Mar) y Covaciella (Cabrales) por su belleza y grado de detalle. Gracias a la minuciosidad de aquellos artistas podemos conocer, por ejemplo, que el bisonte de estepa poseía una elevada crin de pelo oscuro, característica que, de otro modo, no podríamos conocer, ya que estos rasgos no fosilizan.

El cráneo de Bison priscus de la Rexidora constituye, por tanto, una pieza de alta singularidad y de relevante valor científico para comprender cómo eran las poblaciones ibéricas de esta especie durante el Pleistoceno Superior.

La noticia en los Medios:
Agencia SINC. http://www.agenciasinc.es/Noticias/Recuperan-el-craneo-de-un-bisonte-de-la-Edad-del-Hielo-en-una-cueva-de-Ribadesella

jueves, 12 de diciembre de 2013

El yacimiento Pleistoceno de Jou Puerta (Llanes, Asturias) (parte II)

El estudio paleontológico de la cueva de Jou Puerta acaba de publicarse en la revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (ver enlace al final), sus principales resultados se resumirán en las siguientes líneas.
Los fósiles se hallaban dispersos en una acumulación de derrubios (arcilla y piedras, fundamentalmente) que, a lo largo del tiempo, irían entrando en la cueva y rellenándola hasta terminar por taponar la entrada a la cavidad.
Sección de la dolina y cueva de Jou Puerta, indicando la disposición
de los depósitos principales. Ilustración: Diego Álvarez Lao
El origen de la acumulación fósil está en relación con una trampa natural, es decir, una sima o pozo natural donde los animales caían y morían (bien por el golpe o bien de inanición, al no poder salir de allí) y sus restos se acumularon y se conservaron a lo largo de los miles de años. Tenemos importantes pruebas que nos confirman esta hipótesis: en primer lugar, la morfología de la cavidad nos da una pista fundamental, pues se trata de una dolina (cavidad con forma de embudo) en cuyo fondo se abre un gran agujero que comunicaba con la cueva situada debajo. Los animales que caían accidentalmente en la dolina (de paredes muy verticales) llegaban directamente a la cueva, sin poder salir de allí. En segundo lugar, el grado de conservación de los huesos es, en la mayoría de los casos, muy bueno, lo cual resultaría imposible en el caso de que fuesen humanos o carnívoros quienes aportasen los huesos al yacimiento (los depredadores, tanto humanos como carnívoros, destrozarían los huesos en fragmentos pequeños para extraer la médula o incluso comerse los propios huesos, en el  caso de las hienas).

Midiendo un húmero de rinoceronte
lanudo. Foto: Diego Álvarez Lao
El conjunto de especies presentes en el yacimiento es otro aspecto de gran interés, ya que hay dos especies claramente indicativas de clima frío: el rinoceronte lanudo y el mamut lanudo. La presencia de estas especies, por sí misma, le confiere ya un interés muy elevado al yacimiento, pues nos indica que el depósito de los restos se produjo en un momento de clima muy frío y árido. La edad de los fósiles se ha datado por el método del Carbono 14, proporcionando un rango de edad entre 30.000 y 36.000 años de antigüedad, lo que coincide con el denominado Estadio Isotópico 3, un episodio de la última glaciación en el que acontecieron momentos de clima extremadamente frío a nivel global. La presencia de estas dos especies en yacimientos ibéricos no es frecuente, lo que le aporta un interés adicional al hallazgo.
Desde el punto de vista paleontológico, el yacimiento nos ha proporcionado uno de los conjuntos
Algunos restos de rinoceronte lanudo de Jou Puerta: molares
superiores, mandíbula, húmero, "mano" derecha y extremidad
anterior izquierda. Foto: Diego Álvarez Lao.
más completos de restos de rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis) hallados en la Península Ibérica, con un total de 105 restos correspondientes a un total de 3 individuos (2 jóvenes y un adulto viejo). Entre los restos destacan una mandíbula inferior, muy bien conservada, numerosos dientes aislados, restos de una extremidad anterior bastante competa, vértebras, una pelvis y otros restos de casi todas las partes del cuerpo. Destaca un húmero de extraordinario tamaño y robustez, que ha resultado ser uno de los de mayor talla conocido en el registro fósil de esta especie.

Otra especie de gran interés es el mamut lanudo (Mammuthus primigenius), del cual tan solo se han recuperado cuatro restos dentales de un ejemplar infantil: se trata de una defensa (mal llamada “colmillo”) y tres fragmentos de un molar, correspondientes a un pequeño individuo que murió cuando tenía un año y medio o dos de edad.
Distribución de algunos de los restos de rinoceronte lanudo
hallados en Jou Puerta. Foto: Diego Álvarez Lao.
En Siberia se hallan con cierta frecuencia restos de “bebés” de mamut, ocasionalmente congelados. Se trata, muy posiblemente, de individuos de se separaron accidentalmente de la seguridad de su manada y se vieron envueltos en situaciones peligrosas que les llevaron a la muerte. En el caso de Jou Puerta, el pequeño mamut, que seguramente se despistó de su manada, se cayó por la dolina sin que ningún miembro de su grupo pudiese advertirle del peligro. Sus restos se conservaron en la cueva y nos cuentan su historia.


Megaloceros y fragmento de asta hallado en Jou Puerta.
Foto y dibujo: Diego Álvarez Lao
Otra especie de gran interés presente en este conjunto es el megaloceros o ciervo gigante (Megaloceros giganteus), cuya talla es mayor que el actual alce, del que se han recuperado algunos fragmentos de una de sus descomunales astas. Tan sólo otros 9 yacimientos ibéricos han proporcionado, hasta la fecha, restos de este gran ciervo, por lo que este hallazgo presenta gran relevancia.
También es destacable la presencia del leopardo, el único carnívoro presente en el yacimiento, que nos ha dejado un molar de leche.
Uno de los puntos de mayor interés de este conjunto fósil es su composición faunística: aunque, como hemos visto, hay presencia de especies claramente indicativas de frío, el conjunto está dominado por el ciervo, una especie que es más abundante en los momentos templados. También la presencia de corzo suele estar asociada a climas templados. Esto da lugar a una particular situación de mezcla de faunas, que difiere de la típica “fauna del mamut” que habitaba Europa Central y Siberia durante la última glaciación y que estaba compuesta en su práctica totalidad por especies propias de clima frío. Este carácter de “mezcla de faunas”, no obstante, se ha registrado ya en otros yacimientos ibéricos, principalmente del norte, lo que parece indicar una particularidad propia de la fauna de nuestra península durante los episodios más fríos del Pleistoceno Superior.

Piezas de mamut lanudo recuperadas en
Jou Puerta y su ubicación en el cráneo.
Foto e ilustración: Diego Álvarez Lao.
Por último, podría destacarse otra característica que nos hablaría de la conducta de los animales: la mitad de los individuos presentes (en general, de todas las especies) son jóvenes o inmaduros (con dentición de leche). Este hecho también podría estar de acuerdo con el origen del yacimiento en relación con una trampa natural, ya que los individuos jóvenes, al poseer menos experiencia en los peligros de la vida, son más susceptibles de verse envueltos en situaciones peligrosas que les pueden llevar a la muerte, como ya se ha indicado para el caso del mamut. 
Las características del yacimiento (tanto en su génesis como en su composición faunística) son muy semejantes a las del yacimiento de Cuerres (Ribadesella), ya citado en una entrada anterior, cuya excavación se encuentra actualmente en curso y nos está proporcionando unos materiales sorprendentes. La información que nos aporten estos dos excepcionales yacimientos nos permitirán conocer con mucha precisión las características ambientales de la región cantábrica durante la última glaciación.

Enlace al artículo original: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0031018213004677 

domingo, 1 de diciembre de 2013

El yacimiento Pleistoceno de Jou Puerta (Llanes, Asturias) (parte I)


 
Tras un parón de dos meses (motivado por el comienzo del curso académico), vuelvo a retomar el blog y a hablar de las faunas propias de las épocas glaciares. En esta ocasión voy a tratar de un yacimiento que tuve la fortuna de poder excavar hace un par de años y que constituye uno de los mejores conjuntos faunísticos de macromamíferos propios de clima frío, de la península Ibérica. Se trata del yacimiento de Jou Puerta, situado en la localidad de Puertas de Vidiago (Llanes, oriente de Asturias), muy notable por varias causas de las que iré hablando en las siguientes líneas.

Dolina al fondo de la cual se abre la entrada a la cueva de
Jou Puerta.  Foto: Diego Álvarez Lao
La acumulación fósil se produjo en una cueva situada al fondo de una dolina. La cueva, oculta durante milenios, quedó al descubierto en abril de 2011 a causa de los trabajos de movimiento de tierras realizados en las obras del Autovía del Cantábrico (tramo Pendueles-Llanes). En una primera prospección llevada a cabo por la arqueóloga María Noval se descubrió el notable conjunto de huesos fósiles que estaban extendidos por la superficie de la cueva, la mayoría de ellos conservados en excelentes condiciones. Tras la visita a la cavidad por parte de dos paleontólogos de la Universidad de Oviedo (Miguel Arbizu y yo mismo), se determinó que el elevado valor paleontológico era evidente, por lo que era imprescindible recuperar dichos restos. Tras los debidos trámites administrativos, la excavación se llevó a cabo durante el mes de junio de 2011, a un ritmo muy fuerte, pues tan sólo se pudo contar con un mes para las labores de campo ya que la obra de la autovía debía avanzar y el tiempo apremiaba.
Diego Álvarez y María Noval examinando
una Pieza. Foto: Javier Calzada
La excavación fue realizada por un equipo de 3 personas: una arqueóloga (María Noval), un geólogo (Guillermo Santos) y yo mismo como paleontólogo. Nuestra labor consistió en recuperar, con los métodos más adecuados, la mayor cantidad posible de restos paleontológicos. El trabajo de excavación fue bastante engorroso, pues el sedimento estaba formado por una arcilla muy húmeda de difícil manejo. No obstante, la abundancia de fósiles bien conservados era tal que la satisfacción de excavarlos hacía olvidar todas las incomodidades.
Algunos de los restos se encontraban en un estado de extrema fragilidad, lo que obligó a realizarles una “momia” o cobertura de espuma de poliuretano para poder extraerlos de la cueva sin riesgos y llevarlos al laboratorio, donde se realizaría la restauración en condiciones controladas.
Cueva de Jou Puerta. Foto: Diego Álvarez Lao
En otros casos, 
Guillermo Santos y Diego Álvarez extrayendo
un húmero de rinoceronte. Foto: María Noval.
algunos huesos se encontraban cubiertos parcialmente por costra estalagmítica, lo que dificultó en gran medida su extracción, obligándonos a usar “maquinaria pesada”, como sierras radiales. Por suerte, el volumen de material recuperado fue muy alto (más de mil restos) y, tras una prospección exhaustiva de toda la cavidad, se llegó a la conclusión de que se había recuperado prácticamente todo el patrimonio paleontológico de la cavidad. La suerte que corrió la cueva tras su excavación fue bastante triste: las obras obligaron a destruirla, pues estaba situada justo en medio del trazado de la autovía. Además de su valor paleontológico, la cueva poseía galerías de gran belleza, con desarrollos de estalactitas y estalagmitas, gours… una lástima. Por supuesto, este tema podría suscitar un acalorado debate (de hecho, la prensa se hizo eco de ello), pero no es mi intención entrar en esa polémica.

Pelvis y húmero de rinoceronte lanudo cubiertos parcialmente de costra
estalagmítica (izda.); cráneo de cabra en superficie. Fotos: Diego Álvarez Lao.
Restauración de una mandíbula de
rinoceronte. Foto: Diego Álvarez Lao
Tras la excavación, vino la fase del trabajo de laboratorio, que consistió en la limpieza, consolidación, restauración (en ocasiones, reconstrucción), siglado y elaboración de la base de datos, de los más de mil restos recuperados. Una labor ardua, pero un auténtico placer poder trabajar con materiales de semejante calidad.
A continuación, y ya con el material perfectamente en condiciones, se procedió al estudio paleontológico de este magnífico conjunto faunístico, cuyos principales resultados se expondrán en la siguiente entrada.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Gamos y otras faunas de épocas interglaciares


Aunque normalmente en este blog se tratan temas relativos a la fauna propia de los momentos glaciares, en esta entrada voy a hacer una excepción para hablar de los episodios interglaciares.

Se conocen como interglaciares las épocas templadas que acontecieron entre dos glaciaciones. El momento templado actual u Holoceno constituye, para muchos autores, un interglaciar, aunque otros prefieren denominarlo “postglacial”, ya que no hay evidencia clara de que vuelva a producirse otra glaciación. Durante el último interglaciar (acontecido entre 130.000 y 90.000 años antes de la actualidad, aproximadamente) las temperaturas llegaron a ser superiores a las actuales, encontrándose especies como el hipopótamo, el macaco y otras indicativas de climas cálidos, en gran parte de Europa.

La cueva de Camino, perteneciente al conjunto de yacimientos de Pinilla del Valle (Madrid), ha proporcionado un registro fósil con una cronología de 90.000 años, correspondiente al final del último interglaciar. El origen del yacimiento está relacionado con un cubil de hienas, es decir, que fueron estos carnívoros los que acumularon los huesos dentro de la cueva. El conjunto faunístico está compuesto principalmente por ungulados entre los que la especie dominante es el gamo (Dama dama), un cérvido indicativo de clima templado y ambiente forestal. El resto de las especies de ungulados presentes incluyen al ciervo, corzo, jabalí, uro, rebeco, caballo y rinoceronte de estepa. Esta asociación faunística posee gran interés ya que es la única de esta época que se conoce en el centro peninsular, mientras que otros yacimientos ibéricos de la misma cronología se sitúan en el margen mediterráneo.

Dibujo: Diego J. Álvarez Lao
La gran población de gamos constituye el punto de mayor interés de este yacimiento. Se han podido recuperar más de 600 fósiles de esta especie que corresponden a un mínimo de 27 individuos. Esta abundancia de material, unida a la buena conservación de los restos, ha permitido realizar interesantes estudios anatómicos comparativos y clasificar estos gamos a nivel de subespecie como Dama dama geiselana. Esta subespecie, en relación con el gamo actual (del que es su antepasada directa), posee un tamaño ligeramente superior y unas extremidades más esbeltas y alargadas. Sus astas también son bastante diferentes, aunque estas no se han conservado en buenas condiciones en el yacimiento de Camino.

La historia del gamo durante el Cuaternario es muy interesante. Estos cérvidos se extendieron por toda Europa durante los episodios interglaciares, mientras que en las épocas glaciares se retiraban a sus “refugios glaciares”, ubicados en el Mediterráneo oriental y en Asia Menor. Después de cada periodo glaciar, cuando el clima volvía a hacerse benigno, los gamos volvían a expandirse nuevamente por Europa paralelamente a la dispersión de los bosques. Así se fue sucediendo esta expansión y contracción de las poblaciones de gamos a lo largo del Cuaternario. Sin embargo, tras la última glaciación, los gamos no volvieron a recolonizar Europa sino que se quedaron relegados a las mismas áreas en las que se hallaban “refugiados” (Turquía y Asia Menor, principalmente). Este hecho es muy llamativo ya que el clima actual, en la mayor parte de Europa, es favorable para su presencia. ¿Cuál fue entonces la causa de que esta especie no volviese a expandirse por Europa durante el momento templado actual? No está claro, aunque parece muy posible que esté relacionado con la expansión del hombre moderno por toda Europa hace unos 40.000 años.

Los gamos volvieron a colonizar Europa mucho tiempo después, aunque reintroducidos por el propio hombre. Si bien las primeras reintroducciones datan, al menos, de la época del imperio romano, la mayor recolonización se produjo durante los últimos tres siglos. Sobre la historia “reciente” de los gamos, se acaba de publicar un interesante reportaje, cuya lectura recomiendo, en la revista National Geographic titulado “Viajes de ida y vuelta” (número de octubre de 2013, páginas 78-87) en el que se hace una revisión de los “viajes” de los gamos por Europa y Asia a lo largo del Cuaternario, a partir de los citados hallazgos de Pinilla del Valle.

Link al artículo original: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0031018213000692
Link a la noticia en National Geographic: http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/ng_magazine/reportajes/8636/viajes_ida_vuelta.html

viernes, 23 de agosto de 2013

Las colecciones de comparación

Una de las herramientas fundamentales de un paleontólogo son las colecciones de comparación. Estas se componen de restos de organismos (huesos, por ejemplo) perfectamente clasificados, que nos puedan servir de referencia para comparar y clasificar los fragmentos de otros fósiles que nos encontremos en un yacimiento. Hay también otros instrumentos para llevar a cabo esta misma labor, como son los atlas de fósiles o los trabajos monográficos sobre una especie o grupo, que suelen acompañarse de detalladas fotografías o dibujos. No obstante, una buena colección de comparación siempre es mucho más informativa y útil. Para los paleontólogos que trabajamos en fósiles del Cuaternario, los huesos de animales actuales son de mucha utilidad. Es relativamente fácil conseguir huesos de caballo, de cabra, de vaca o incluso de animales salvajes como el ciervo, corzo, zorro o jabalí. Estos huesos tendrán un gran valor a la hora de identificar los fragmentos de hueso de estos mismos animales que se encuentren en un yacimiento. La compilación de huesos para la formación de colecciones de comparación es una de las labores de los paleontólogos que trabajamos en vertebrados del Cuaternario, y he de confesar que es un trabajo muy entretenido y gratificante. No obstante, para las especies extinguidas el tema es más complicado: no es posible conseguir un hueso de mamut actual, ya que hace milenios que se han extinguido. En estos casos las colecciones de comparación se deben constituir con ejemplares fósiles (si se tiene la fortuna de conseguirlos) o, en su defecto, con réplicas hechas en materiales artificiales. Hay especies que, aunque actualmente hayan desaparecido en extensas áreas geográficas, aún sobreviven en ciertas regiones restringidas. Este es el caso de, por ejemplo,
Reno (Rangifer tarandus)
Foto: Diego J. Álvarez Lao
el reno. En las épocas más frías de la última glaciación este cérvido se extendía por toda Europa, llegando a alcanzar el norte de la Península Ibérica (ver entrada anterior). Tras el fin de las glaciaciones, esta especie no desapareció totalmente, sino que restringió su distribución a las regiones árticas de Escandinavia, Siberia y Norteamérica. Hoy en día los renos, salvajes o semi-domésticos, aún son frecuentes en esas zonas. Por eso, nada mejor que aprovechar un viaje a estos territorios para buscar restos de sus huesos. Precisamente eso es lo que he tenido la oportunidad de hacer en un viaje a la Laponia noruega realizado hace un par de semanas. Los renos se encuentran por el verano en las áreas costeras y es relativamente fácil tropezase con ellos, sobre todo en el zona comprendida entre las localidades de Alta y Hammerfest. Viajando tranquilamente en coche y realizando paradas puntuales en las áreas donde se encuentran estos animales, no hay más que darse un paseo prospectando el suelo y no es difícil encontrar huesos de esta especie (tal como puede ocurrir en los campos de Castilla con los huesos de oveja). 
Recogiendo huesos de reno
en Laponia, Noruega.
Foto: Cristina Heres 
En un solo día de recolección fue posible reunir un interesante conjunto que incluye restos craneales y poscraneales de varios individuos (ver foto). Una colección de este tipo nos permite, además, estudiar la variación individual de talla entre machos y hembras o entre individuos jóvenes y adultos, lo cual proporciona una interesante información de carácter poblacional.


Restos de reno recopilados en un día.
Foto: Diego J. Álvarez Lao
Las grandes instituciones científicas como universidades o museos poseen, por lo general, las mejores colecciones de comparación de ejemplares, tanto actuales como fósiles, recopiladas durante décadas por personal especializado. Como ejemplo podría mencionar el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Holanda, en Leiden, que posee la mayor colección del mundo de restos de mamut lanudo, constituyendo un lugar idóneo para estudiar la anatomía esquelética de esta especie. Las colecciones de comparación no sólo son útiles al paleontólogo, sino también al naturalista que tenga interés por clasificar los restos aislados que se encuentre en el campo o costa, bien sean huesos de grandes mamíferos, de micromamíferos, de aves, plumas, conchas, escarabajos o cualquier otro organismo. Pero ojo, sólo se deben recoger siempre que sean restos de ejemplares ya muertos, pues la vida de un animal es más valiosa que cualquier colección. Hay que tener en cuenta, además, que los restos que pertenecen a especies protegidas por la ley (lobos, osos, águilas, etc.) no deben recogerse, sino que se debe informar de su hallazgo a las autoridades. Teniendo en cuenta estas limitaciones, animo a todo el mundo que se inicie en la compilación de estas colecciones, un hábito muy entretenido a la vez que instructivo.